Esta vez ha sido un frito variado, versiones de lo que pretendía ser "la semana de la India en el Corte Inglés" que resultó un maratón de siete ciudades en nueve días,luego voluntariado Calcutense motivado más por no querer moverme en una semana, o sea por mi falta de voluntad, y por último, "Siete años en el Tibet" zipeado a cuatro días en Darjeeling.
Quien pretenda unas vacaciones de relax que no piense en India, no al menos la que yo conocí. Parece que hay paraíso de sol y playa al sur... es lo que tienen los subcontinentes , que tienen de tó.
No pretendo en esta entrada mas que dar una pincelada, la crónica del viaje seguro que llenará hojas y hojas, si al final la escribo. Sólo recordar la libertad inspiradora en lo que la conducción y uso del claxon se refiere. La vida en todas sus manifestaciones en el espacio colectivo de la calle, enjabonados de cuerpo entero, el negocio en una banqueta o en cuclillas. comer, cagar, mear... morir. El no confesar nunca que no se sabe del indio, hace que invente, engañe o te ignore ante una pregunta a bocajarro del que se sabe desconocedor de la respuesta. El tiempo se vuelve gelatina que pasa lentamente hay un contraste tremendo entre grupos de desocupados que entre té y té y mirar a todo cuanto pase se les va la vida y los que enjutos, huesudos, cargan tres veces su peso en la cabeza con un andar de marcha olímpica... La India es contraste constante de colores, actitudes, clima, religiones, razas, olores, sonidos... una paleta de extremos en la que los tonos intermedios desaparecieron.
Foto: Río Ganges (Varanasi)
