Siestas

Si estás

siestas

se hacen 

fiesta



Tu cepillo de dientes

 



Me resigno a que tu amor te lo lleves.
Qué flojera, ya podrías luchar si tanto es, perdón, fue ..
Pero tu pérdida ya es tan grande que limpió de ausencias pasadas,
arrastrando con tu adiós otras despedidas.
Y me aferro al menos a no perder el amor propio, tantas veces expropiado.
Me hago liviano e intento alzar el vuelo,
las caídas duelen menos si son en solitario.
...

Me resisto a que tu amor te lo lleves 
Me agarro al clavo ardiente que es tu cepillo de dientes en mi lavabo 
Sigue ahí y me devuelve que fue real. 
Y no un bello sueño de complicidades y besos infinitos.
Lo viví, y ahora toca desvivirlo.
No debo pensar en ti, y menos en nosotros.
Toca retirada y abrazar la almohada de ausencia.
Amargos sueños, tras dulces vivencias.

Des-pedidas


En su partida un tren debería ser estricto con los tiempos, un adiós apresurado, un abrazo que en llegando la emoción ha de deshacerse para que el que parte tome el tren que amenaza con su inminente salida. 

Localizar la ventanilla para tirar un beso volado y un ademán de adiós con la mano justo en el momento que inicia el movimiento con tanta inercia que los lazos lanzados de unos ojos a los otros se rompen a veces en llantos. 

Toda esa escenografía queda ridícula si el tren de repente toma el papel protagónico y no parte en la hora prevista y demora hasta el agotamiento de gestos y frases sentidas de dos que se miran ya sin nada que decir, con una tristeza que se congela y roza lo patético y donde fue la negación del adiós aparece la necesidad del desenlace. La pena pura y digna se mancilla en ese deseo de no seguir en un papel que ya no tiene guión, dejando un regusto amargo de ojos vacíos y bocas calladas.



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