



Hoy después de 14 años nos ha dejado Divo.
Noble desde la nariz hasta punta del rabo.
Aún no tengo puñetera idea de lo que será de este espacio al aire. Desubicado, como sábana al sol.
Bebé será hasta el fin de sus días.
En semanas pasó de bajar sobre mi antebrazo a la calle, a necesitar la cuna de mis brazos. Un mes en la playa hizo imposible volver a esconderse bajo los muebles de la cocina e impensable cogerlo en brazos. Añorante de su sitio preferido quedaba después del intento con el morro bajo la protección de los muebles.
Noble hasta la médula, mirada de espera ante una pisada accidental de rabo. Profundo acceso de ladridos desde el balcón en respuesta a algún congénere lejano. Felpudo enorme roncante, a veces soñando correr movía levemente las manos, otras lloraba un misterio de sueños.
No coció hembra, aunque supo rodearse de mujeres. Días sin comer por el olor de algún celo. Hocico pegado al suelo y babeo incontrolable.
Buscador y encontrador infatigable de caricias. Reclamador de no pares sigue sigue. Cuando una batería de caricias nunca es suficiente.
Conocedor del rincón del piso más fresco en verano y más cálido en invierno. Sacrifica su comodidad por colocarse en atalaya donde cuidar de todo su clan
Delanteros de mastín traseros de lebrel. Siempre le costó alzarse, su pecho fuerte compensó debilidades.
Desde 1996 ocupando el lugar del benjamín de la familia debe estar apuntico de hacer sus 12 años, siempre tendremos una incertidumbre con respecto al día de su cumpleaños y sobre la realidad de su progenitor, pero por si a caso Divo, feliz cumpleaños.
No te emancipes nunca.
